Si bien es cierto que, en tiempos remotos existían 2 hornos
para cocer el pan en Villa del Arco y que eran de particulares, según datos
obtenidos de un microfilm que fue conseguido en el Archivo Nacional de Simancas y que dice así: “ A la 17ª pregunta dijeron que no hay en esta Villa molino ni ningún
otro artefacto y que sólo hay dos hornos, uno propio de Jesús Marín en la calle
de la Plaza (el que yo he conocido) y del que existen sus ruinas. Éste al
presente no se usa de él por la ocasión de ser la vecindad y otro de Juan
Sánchez Miguel, sito en la casa propia
del dicho Juan, sito en la calle de la Plaza, al que se le regula la utilidad
al año cien reales de vellón a causa de lo que en dicha pregunta dicen aquellos
peritos”.(Documento del 26 de Marzo de 1771). A día de hoy sólo se
conservan sus escombros y no quiero silenciar que el derruirse esta pequeña
construcción fue debido a eliminarle las tejas para con las mismas, reparar el
tejado del Cuartel de la Guardia Civil de Cañaveral. Recuerdo el Concejal de
Obras de entonces, pero me reservo su nombre…Fue una tremenda faena que por
supuesto condenan a muerte esta pequeña reliquia, que posiblemente fuese desde
los comienzos de este bonito pueblo.
Pues bien, los restos del Horno, se encuentran aún en el principio
de la llamada Calleja del Horno lindando con un pequeño solar propiedad de
los herederos de Obdulio Ramos Fernández, denominado “La Calzada Bajera” por la
parte oeste y por el norte y este con la propiedad de los herederos de Julio
Ramos Valle.
Se trataba de un pequeño patio y frente a la puerta de
entrada estaba la boca del horno. Al lado de ésta y hasta la pared de la parte
oeste existía un poyo bastante alto y otro en la parte este de mayores
dimensiones, teniendo un hueco entre dicho poyo y la pared de la fachada donde
estaba la puerta y donde había una pequeña pila de cantería que servía para
mojar el barredor del horno (un palo muy largo, con un manojo de trapos en el
extremo). Tras retirar las brasas del horno mediante una especie de rastrillo
de hierro, cribando todas ellas, así como la ceniza, se pasaba el barredor
húmedo para dejar limpio el solar donde seguidamente y mediante un pala se iba
depositando el pan para su cocido, permaneciendo en su interior un corto
espacio de tiempo con la boca tapada con una chapa de hierro con una asa para
su manejo, hasta que el pan se tornaba en el color que daba la señal de que
estaba cocido. Eso es lo que era pan. La pala que se usaba en el horno me la
encontré yo entre los escombros, en una ocasión en que arreglaba un poco la
pared que lindaba con un pequeño corral de nuestra propiedad, denominada “La
Corchería”. Era de hierro y con un mango de madera, pero yo sólo encontré lo
que se dice la pala, la cual estaba muy deteriorada a resultas de la herrumbre.
La puse en un viejo baúl que teníamos en la cuadra y de allí me la robaron,
junto con las burrillas de dicho baúl.
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Estado actual ruinoso del Horno de Pan |
Como anécdota y recuerdo, voy a contar algo que sucedió en
cierta ocasión: Por El Arco pasaba mucha gente debido a los caminos vecinales
de Portezuelo, Acehuche y Ceclavín o el de Torrejoncillo y Pedroso de Acim. De
Torrejoncillo venían todos los días las hortelanas a vender sus hortalizas a
Cañaveral. Venían en sus caballerías y traían las mercancías en la aguaderas o
serones, pasaban de madrugada para Cañaveral y retornaban hacía las 3 de tarde.
Paraban a beber con sus caballerías en la Fuente
de la Roncadera. ¡¡Cuántas veces vi esta escena!! Porque mi tioabuelo
estaba de guarda en la Finca del Arco (antiguos Baldíos del Arco que fueron vendidos
a dos particulares: Don Eladio Llanos Calleja y los Señores Mora de Plasencia).
Tanto mis padres como yo y mis hermanos les acompañábamos cuando podíamos. El
lugar era precioso. Y voy al relato que quiero contar: Por El Arco pasaban
muchos pobres pidiendo limosna procedentes de los pueblos comentados antes,
eran tiempo muy difíciles. También pasaban mucha gente que venían caminando de
coger el tren y descansaban a la sombra de un enorme Olmo, se proveían de agua
de los abundantes manantiales y llenando sus barriles que portaban colgados del
hombro para el resto del camino. En verano pasaban multitud de hombres a la
“siega de Castilla”, grupos de hasta 20 o 25 trabajadores juntos. En cierta
ocasión, llegó al anochecer un pobre que era de Portaje. Recuerdo perfectamente
su imagen, era bajito y algo inocente o disminuido. Sin previo aviso llegaba a
las casas y se metía dentro para pedir limosna, con el lógico susto de la gente
que había dentro y sobre todo si estaba sólo la dueña de la casa, y si acaso reprochaban
su actitud porque no llamaba antes a la puerta, se molestaba dando grandes
voces y diciendo “sólo quiero una limosna…”. Pues una noche, llegó ya tarde y
se fue directamente al Horno de Pan que estaba cerrado solamente con un
cerrojo, donde había pernoctado muchas veces. El Horno sólo funcionaba un día a
la semana y precisamente ese día ( no sé si eran todos los Sábados o Lunes, no
lo recuerdo bien) lo que sí es, que muy de mañana, la hornera se apresuró a
encender el Horno y observó como en un rincón del patio de entrada, en su parte
izquierda había un pequeño equipaje o morral y una talega con unos trozos de
pan y una naranja. Entonces la hornera, Petra Vegas Osuna alumbró con su farol
el fondo del Horno y ¡¡ sorpresa!! Allí encima de los tomillos y las jaras
secas que servían para prender el fuego que alimentara el Horno, observó a
aquel pobre hombre dormido profundamente. La hornera pues se llevó un
monumental susto pensando en la tragedia que hubiera ocurrido si aquella mañana
hubiera encendido el fuego, como era su práctica habitual.
Es cierto que, si bien las gentes del Arco éramos todos de
posición económica escasa, si que éramos muy caritativos y nadie se iba sin
limosna y en ésta ocasión, si que fue la gente más generosa. El pobre hombre se
sentía como culpable de algo malo, como avergonzado de haberse quedado dormido
dentro del Horno. Este episodio no le impidió seguir pasando por Villa del Arco
con cierta frecuencia ¡¡Qué tiempos aquellos!!
Es interesante los datos que recoge la sesión plenaria del 27
de Noviembre de 1898 en el Ayuntamiento del Arco, y que dice: “El regidor
Francisco Hernández se manifestó que era preciso tratar algo sobre el Horno de
Pan que posee este municipio que se encuentra parado teniendo las mujeres que
ir amasar al inmediato pueblo de Cañaveral, lo cual les era muy molesto y era
preciso buscar una persona que se encargara de él aunque se le diera alguna
remuneración a cargo de los del municipio y estado presente el Alguacil de este
Ayuntamiento, Miguel Díaz, hizo la proposición siguiente: que se componga la
puerta del corral del concejo y se le dé la llave en calidad de corralero y el
se compromete a que ande el horno una vez o dos todas las semanas según la
gente que quiera amasar y habiéndose puesto a decisión se acordó por unanimidad
acertar la proposición hecha por dicho Miguel Díaz y en su consecuencia que
entregue la llave del corral Don Vicente Ramos Caso (menor) y que cese en
referido cargo".
Actualmente, la
Directiva de la Asociación de Amigos Villa del Arco tiene en proyecto la
restauración total del Horno de Pan, tal y como fue antaño.
Texto original: Manuel Ramos González
Texto editado: Emilio J. Orovengua